Los calabacines pueden ser tóxicos con el calor

Los calabacines son unas de las verduras preferidas de los aficionados a la jardinería. No es de extrañar, pues son fáciles de cultivar, fértiles y muy versátiles. Las formas de prepararlas son muy variadas. Hasta aquí todo bien, ¿no? En realidad, no. Pues en algunas circunstancias los calabacines pueden llegar a ser peligrosos. 

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En 2015, se difundió la noticia de que en Alemania un jardinero aficionado había muerto a causa de un calabacín que él mismo había cosechado. Este verano, el Ministerio de Protección del Consumidor de Baden-Württemberg también emitió una advertencia contra la intoxicación por cucurbitáceas, familia de plantas que incluyen a los calabacines. ¿Cómo es posible?

Vamos a calmarnos: para que un calabacín sea tóxico, deben confluir varios factores desfavorables, lo que es relativamente improbable. Además, una verdura peligrosa se reconoce fácilmente por su sabor. Los siguientes factores pueden conllevar peligro, pues favorecen la formación de las llamadas cucurbitacinas, es decir, las sustancias amargas tóxicas.

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1. La cercanía de otras cucurbitáceas
Si cerca de las plantas de calabacín tenemos calabazas ornamentales, hay riesgo de que se crucen. Las calabazas ornamentales no son comestibles, pues contienen cucurbitacina como protección contra los depredadores. Si tales cruces ocurren, las semillas de los frutos resultantes pueden causar problemas.

2. El uso de semillas propias
La cucurbitacina se produce a partir de las semillas disponibles en el mercado. Sin embargo, si el jardinero aficionado utiliza semillas que él mismo ha cultivado, la mutación puede provocar la formación de sustancias amargas tóxicas.

3. Calor y rayos del sol fuertes
Un aspecto que debe tenerse en cuenta especialmente en veranos calurosos: si las plantas sufren de estrés por calor o sequía, también pueden desarrollar sustancias amargas.

4. Frutos muy grandes
Cuanto más tiempo maduren los frutos, mayor será el contenido en sustancias amargas. Esta no es la única razón por la que es mejor recoger calabacines jóvenes, sino también por su sabor más aromático.

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Cómo reconocer los calabacines contaminados
En realidad es muy fácil: si el calabacín tiene un sabor amargo, no debes comerlo bajo ningún concepto. ¡Ni siquiera en pequeñas cantidades! Este es el error que cometió el jubilado alemán en 2015. El señor de 79 años, pese al sabor desagradable de la verdura, ingirió un gratinado de calabacín de cosecha propia. Por supuesto, este es un caso extremo. Las posibles consecuencias de los frutos contaminados con cucurbitacina son náuseas, vómitos, calambres estomacales, diarrea y otro síntomas del tracto digestivo.

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Por supuesto, este no es ningún motivo para dejar de comer calabacines. El riesgo de comprar un calabacín contaminado es prácticamente imposible y, en el caso de cultivo propio, solo si convergen las circunstancias descritas anteriormente. Lo importante es seguir siempre una regla sencilla: si sabe amargo, ¡tíralo de inmediato!

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