Por fin puedes perder peso gracias a la reprogramación del intestino

Mantente delgado y nunca más vuelvas a engordar. ¿Suena demasiado bueno para ser verdad? Pues si haces la dieta intestinal durante un año puedes lograrlo. A primera vista, esto puede parecer un período muy largo de tiempo, pero a diferencia de muchas otras dietas, el efecto es permanente. Pero ¿cuál es el secreto de este nuevo tipo de alimentación que está cambiando los códigos de adelgazamiento?

Las bacterias correctas en el intestino

Muchas personas obesas no logran perder peso de forma permanente a pesar de las estrictas dietas. En algunos casos, esto se debe a un metabolismo lento (por ejemplo, a causa de hipotiroidismo); en otros, a demasiadas bacterias en el intestino que favorecen el sobrepeso. En el intestino existen bacterias muy variadas: algunas son útiles, otras son poco saludables o engordan. Las bacterias que causan obesidad son capaces de convertir un pequeño plato de lechuga en una gran cantidad de energía. Este efecto fue útil en la Edad de Piedra, cuando la gente ingería poca comida y de forma irregular. Actualmente, solo nos engorda.

Hoy en día, además de las bacterias de la flora intestinal que propician la obesidad, existen otros factores que empeoran el problema, como la ingesta de medicamentos, el estrés, la falta de sueño, la falta de ejercicio o el consumo excesivo de azúcar. En particular, el azúcar y los alimentos industrialmente procesados pueden conducir a un desequilibrio entre las bacterias que adelgazan y las que engordan. El resultado: ganas peso con mayor facilidad.

Desarrolla una flora intestinal sana con esta dieta

La dieta intestinal ayuda a promover gradualmente el crecimiento de las bacterias saludables y reduce las bacterias que engordan. La dieta se lleva a cabo en dos fases: dentro de las primeras cuatro a seis semanas, todos los carbohidratos están prohibidos. En cambio, debes incluir nueces, carnes magras, pescado, aceites vegetales, frutas y verduras en tu menú. Además, es necesario comer ciertos alimentos ricos en prebióticos como, por ejemplo, cebolla, salsifí, achicoria, puerro y ajo. Los alimentos fermentados como el chucrut (col fermentada), el yogur o el kéfir también son convenientes para restaurar la flora intestinal, gracias a las bacterias de ácido láctico que contienen. Además, puede ayudarte ingerir un suplemento de simbióticos.

Por otro lado, los alimentos que contribuyen al aumento de bacterias que engordan están prohibidos en la dieta intestinal. Estos incluyen azúcar, harina y cereales, así como alcohol. Si se omiten estos alimentos, las bacterias intestinales dañinas se mueren de hambre, literalmente.

Después de la primera fase de la dieta, libre de carbohidratos, sigue la restauración del intestino a largo plazo. De ahora en adelante, se permiten ciertos carbohidratos como las papas, las legumbres y los granos integrales. Por cierto, si no quieres renunciar por completo a tu sándwich del desayuno en la primera fase, puedes pasar directamente a la segunda. Sin embargo, los efectos positivos tardarán más en manifestarse. 

Después de completar la dieta intestinal, debes seguir comiendo de manera saludable y natural. Sin embargo, las excepciones están permitidas de vez en cuando. Ya verás que tu balanza se mantendrá estable por mucho tiempo. Puedes encontrar más información sobre la dieta intestinal y muchas deliciosas recetas en el libro "La dieta del intestino", de la Dra. Michaela Axt-Gadermann.

El conteo de calorías por sí solo no siempre tiene buenos resultados. Ni los obstinados kilos ni el sobrepeso extremo desaparecen fácilmente, razón de más para probar la dieta intestinal. Pero no olvides hacer ejercicio de forma regular. Practicar algún deporte tres veces por semana sería lo ideal. Con ello, no solo puedes perder kilos más rápido, sino también prevenir el estreñimiento, otro de los factores que impiden bajar de peso. 

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